ComPol #10 Mark Carney en Davos: liderazgo moral para un mundo fracturado
Lecciones de comunicación de un discurso que ordenó el caos global y la amenaza trumpista
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No se trata de reconstruir el pasado, sino de diseñar un futuro que nadie puede imponer por la fuerza.
El Foro Económico Mundial de Davos 2026 se ha convertido en uno de los puntos de inflexión discursivos de los últimos meses. Más allá de las tradicionales declaraciones diplomáticas, destaca una intervención que, por su claridad, rigor moral y sentido de urgencia, ha tenido una extraordinaria resonancia internacional: la del primer ministro de Canadá, Mark Carney.
Carney pronunció un discurso que no solo diagnosticó una realidad geopolítica en ruptura, sino que ofreció un marco narrativo para interpretar el presente y movilizar a las “potencias medianas” hacia un liderazgo colectivo renovado. Su intervención fue ovacionada en Davos, no porque evitara tensiones, sino porque las enfrentó con honestidad estratégica.
A diferencia del tono conciliador y a veces ambiguo de otros líderes, Carney no rehuyó lo difícil: nombró la ruptura del orden mundial, la coerción económica como arma y la necesidad de cooperación estratégica en un contexto de rivalidad global creciente.
🧠 El diagnóstico: el viejo orden ha muerto
Carney arrancó su intervención con una afirmación potente y sin matices: el “orden mundial basado en normas” ya no existe tal como lo conocíamos.
No se trata de una transición sutil sino de una ruptura profunda: un mundo en el que las grandes potencias ya habían empezado a utilizar la integración económica como herramienta de subordinación y coerción, y donde el cumplimiento de las reglas dejó de garantizar seguridad o prosperidad.
Para ilustrar este punto, Carney utilizó El poder de los sin poder, el célebre ensayo de Václav Havel, recordando que un sistema puede sobrevivir más por “vida en la mentira” que por verdad. Esta metáfora le permitió desmontar una ficción diplomática largamente aceptada: creer que la integración económica siempre favorece lo colectivo también cuando se convierte en un arma de dominación.
La contundencia del diagnóstico no fue catastrofista, sino clarificadora.
Carney afirmó que el mundo enfrenta un tablero geopolítico donde:
la hegemonía de antiguas potencias ya no es fiable,
la integración económica puede transformarse en coerción,
y los aliados tradicionales se encuentran expuestos a presiones directas.
Este encuadre es clave para reposicionar el debate global más allá de la retórica habitual: nombrar la realidad para poder actuar sobre ella.
🌐 El mensaje central: cooperación estratégica
Una vez formulado el diagnóstico, Carney planteó la solución básica y audaz que atraviesa su discurso: la cooperación entre “potencias medianas” como forma de restituir un orden global funcional.
La idea fuerza es memorable:
“Si no estás en la mesa, estás en el menú.”
(If we are not at the table, we are on the menu.)
Esa frase sintetiza su propuesta: las naciones que no son superpotencias, pero tienen capacidad de influencia, deben trabajar juntas para defender valores compartidos y diseñar estructuras resilientes frente a la lógica del poder unilateral.
Carney extendió esta lógica comunicativa a varios ámbitos prácticos:
autonomía estratégica en energía, minerales críticos y cadenas de suministro,
coaliciones de geometría variable según intereses comunes,
defensa de la soberanía y la integridad territorial, incluyendo el respaldo a Groenlandia y Dinamarca frente a presiones externas,
alianzas plurilaterales para temas como la innovación tecnológica y el comercio.
Esto no fue un llamado poco claro a “multilateralismo”: fue una narrativa concreta sobre cómo construir nuevas redes de cooperación que funcionen en un mundo sin certezas, articulada con ejemplos y propuestas específicas.
📣 Comunicación estratégica: claridad sin simplismo
Otro rasgo que explica la repercusión de su intervención fue la estructura comunicativa: Carney combinó diagnóstico, metáfora, llamada a la acción y ejemplos concretos en un solo relato coherente.
Su uso del ensayo de Havel no fue retórico, sino metódico: le permitió conectar historia, ética y política internacional en una narrativa comprensible sin sacrificar complejidad.
Además, su discurso evitó eufemismos y ambigüedades al hablar de relaciones internacionales, lo que reforzó la percepción de autoridad moral y honestidad intelectual. Esto, en política comunicativa, genera:
credibilidad (decir las cosas por su nombre),
identidad narrativa fuerte (valores + estrategia),
y potencial de movilización transversal entre audiencias diversas.
El público de Davos respondió con una ovación en pie, algo relativamente inusual para un foro donde los discursos suelen ser diplomáticos y moderados.
🧩 Lecciones para comunicación política aplicada
La intervención de Carney en Davos deja enseñanzas claras para cualquier estrategia de comunicación política, incluso fuera del ámbito internacional:
Nombre la realidad primero. Antes de proponer soluciones, Carney explicó el problema con honestidad. En política, nombrar la realidad es el primer acto de autoridad.
Integre valores y estrategia. No basta con hablar de valores éticos si no se articula con propuestas prácticas. Carney unió ambos en un solo discurso.
Construya coaliciones narrativas. La idea de geometrías variables es una metáfora poderosa: cada coalición comunica compromiso, no simple interés.
Use metáforas profundamente arraigadas. Havel le dio un marco cultural que hizo más accesible una discusión geopolítica compleja.
No tema romper con la retórica suave. A veces, el diagnóstico franco refuerza la autoridad, no la debilita.
🧠 Liderazgo comunicativo en tiempos de fractura
La intervención de Mark Carney en Davos 2026 representa un modelo de comunicación política global que combina claridad, coherencia moral y propuestas estratégicas concretas.
Fue un discurso que no solo explicó qué está pasando, sino que propuso cómo responder juntos.
En un mundo donde las grandes potencias parecen reconfigurar reglas, Carney apostó por una narrativa de capacidad común, valores compartidos y acción deliberada, lo que le confirió un lugar destacado en la agenda geopolítica contemporánea.
Si la política quiere recuperar sentido, debe ser capaz de decir la verdad, proponer alianzas y construir relatos que no se reduzcan a eufemismos.
Mark Carney lo demostró en Davos.



Es el mensaje que hoy dia genera mas esperanza e ilusion en el mundo. Me parece genial el aplauso final, aunque no es coherente con las acciones tomadas.
Buen analisis!