Por qué el mejor resultado de Vox es en realidad su peor noticia
Castilla y León le da a Vox su récord histórico en unas autonómicas. Y aun así, el partido tiene un problema que las cifras no resuelven
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En Agenda Pública analizo las elecciones. Castilla y León: el PP que repite sin mayoría, un PSOE que resiste mejor de lo esperado y una izquierda alternativa que desaparece del mapa. Puedes leerlo aquí: https://agendapublica.es/noticia/20812/castilla-leon-pp-repite-sin-mayoria-vox-se-atasca-carlos-martinez-da-aire-al-psoe
Vox llegó a Castilla y León surfeando una ola. Había duplicado escaños en Extremadura en diciembre. Había repetido la hazaña en Aragón en febrero. Los pronósticos le daban entre 17 y 18 procuradores y un 20% largo. La noche del 15 de marzo se quedó en 14 escaños y un 18,9%. Su mejor marca autonómica desde que existe como partido. Y sin embargo, en la sede de Valladolid no hubo euforia.
La paradoja resume bien el momento político de Vox: crece, pero en Castilla y León lo ha hecho por debajo de sus expectativas. La situación es la siguiente: avanza, pero no al ritmo que necesita para cambiar la correlación de fuerzas dentro de la derecha aunque su trayectoria sea ascendente. Y esto obliga a hacerse las preguntas correctas.
¿Techo electoral?
Es la que más se repite, y la que peor se formula. Decir que Vox ha tocado techo porque no ha llegado al 20% en Castilla y León es confundir una expectativa con un límite estructural. Conviene poner los números en contexto: en 2022, Vox obtuvo aquí un 17% —ya entonces su mejor resultado autonómico—. Partía, por tanto, desde una base consolidada. En Extremadura y Aragón duplicó escaños, sí, pero arrancaba desde 5 y 7 respectivamente. Aquí arrancaba desde 13. El margen de crecimiento era, por definición, menor.
A nivel nacional, las encuestas sitúan a Vox en torno al 20% con comodidad. Y el partido ya pasó por una fase de estancamiento y cierto retroceso en 2024 —europeas, salida de los gobiernos— sin que aquello fuera definitivo. Declarar el techo de un partido que lleva año y medio creciendo es un ejercicio más voluntarista que analítico.
Lo cual no significa que no haya frenos. Los hay, y algunos son específicos de Castilla y León.
Lo que ha frenado a Vox
El ruido interno ha pesado. Las purgas en Vox no son nuevas, pero el calendario jugó en contra: la crisis de Murcia —con la dimisión en bloque de la cúpula regional— estalló a tres semanas de las urnas. Y Juan García-Gallardo, exvicepresidente de la Junta y figura controvertida, no desapareció del primer plano mediático ante esta batalla interna. Su decisión de ejercer como abogado del purgado José Ángel Antelo contra la propia dirección nacional generó titulares que no beneficiaban a un candidato como Carlos Pollán, de perfil más discreto e institucional, ni al relato de unidad que Vox necesitaba proyectar.
A eso se suma el recuerdo del gobierno de coalición. La etapa PP-Vox en Castilla y León (2022-2024) dejó un balance tibio: consejerías con escaso impacto en la batalla cultural que prometían, tensiones internas constantes y una salida del Ejecutivo que fue más impuesta desde Madrid que decidida en la propia comunidad autónoma. Para una parte del electorado, ese recuerdo no invitaba a repetir.
Y hay un factor externo que se suele pasar por alto: el contexto Donald Trump. Puede sonar paradójico, pero la radicalización del debate internacional ha reforzado al PP como opción de orden dentro del bloque de la derecha. El votante conservador que busca estabilidad no necesariamente se mueve hacia Vox; puede que se aferre más al PP precisamente porque el entorno ya es suficientemente turbulento.
Las propias encuestas apuntaban en esa dirección. Las matrices de transferencia de voto del CIS y 40dB no mostraban trasvases masivos de PP a Vox. Se especulaba con voto oculto, pero ese voto oculto fue más discreto de lo previsto.
El muro que no sale en las encuestas
Hay un factor que los sondeos no capturan bien y que en Castilla y León ha sido determinante: la estructura del territorio. Más de 2.200 municipios. Provincias como Zamora con cerca de 250 ayuntamientos para 150.000 habitantes, donde la mitad de los pueblos no llegan a 500 vecinos. En ese paisaje atomizado, los cargos locales y la red orgánica del PP funcionan como una maquinaria de movilización que ningún otro partido de la derecha puede replicar.
El perfil demográfico amplifica el efecto. Una población envejecida vota a lo conocido. El electorado mayor de 50 años ha mantenido una lealtad consistente al bipartidismo durante las dos últimas décadas. Vox crece entre el votante de malestar, más urbano, más joven, que busca opciones percibidas como nuevas. Ese perfil existe en Valladolid o Burgos, pero pesa menos en el interior despoblado.
En definitiva, la implantación orgánica del PP actúa como un dique. A nivel nacional es más poroso; en una comunidad con esta configuración territorial retiene votantes que, en otro contexto, podrían migrar hacia Vox. Es una ventaja estructural, no coyuntural. Y eso es relevante de cara a lo que viene.
¿Vox puede seguir creciendo?
Hay una lectura interesada que conviene desmontar: la de quienes sostienen que Castilla y León demuestra la incapacidad de Vox para ensancharse. Es un argumento oportunista, en clave interna de la derecha, que ignora lo que ha ocurrido en el último año y medio. Vox ha crecido de forma sostenida desde la salida de los gobiernos autonómicos, y ese crecimiento responde a un cambio estratégico vinculado al relevo de la élite dirigente del partido. Los perfiles que hoy marcan la línea buscan un discurso más transversal, orientado al votante de malestar, con menos énfasis en la confrontación identitaria dura y más en la percepción de novedad frente al bipartidismo.
Las purgas tienen costes, sin duda. Pueden generar rechazo en parte del electorado y proyectar imagen de inestabilidad. Pero hasta ahora esos costes no se han traducido en un freno agregado significativo. Vox no está en fase de repliegue: está ensayando un reposicionamiento cuyo alcance solo se medirá en las próximas citas electorales.
Castilla y León no le ha dado a Vox el salto que esperaba, pero tampoco permite decretar su agotamiento. Lo que deja claro es que el crecimiento de la derecha radical en España es más irregular, más territorial y más sensible al contexto de lo que sugieren las encuestas nacionales. Vox ha roto su récord. Pero no ha roto las costuras del PP. Y esa es, hoy, la distinción que importa.



