La cuenta atrás de Sánchez: el curso en que todo depende de una fecha que nadie conoce
El próximo curso político arranca con un Gobierno sin presupuestos, una amnistía que gana en Luxemburgo y se atasca en Madrid, un PP que gana sin despegar y una izquierda alternativa sin candidato
Hay cursos políticos que se abren con una incógnita y otros que se abren con una fecha. El que empieza en septiembre de 2026 se abre con las dos. Ahí está su dificultad: nadie sabe cuándo se vota, pero todos actúan como si ya se estuviera votando.
El Congreso cerró en julio con la escena que mejor retrata la legislatura. Dos veces en diez días el Gobierno llevó al Pleno la senda de estabilidad —el trámite previo a los Presupuestos— y dos veces la perdió. La segunda, el 23 de julio: 178 votos en contra frente a 167. PP, Vox, Junts y UPN, juntos. Un partido que aspira a gobernar España, una ultraderecha que quiere entrar en el Gobierno, un independentismo catalán en repliegue y un diputado navarro. No les une un proyecto de país: les une que ninguno es el Gobierno.
Ese bloque suma 176 escaños, la mayoría absoluta, el número exacto que permite tumbar a un presidente y elegir a otro. Lo suma desde hace dos años. En dos años no lo ha intentado ni una sola vez. Se ha usado para bloquear una senda de déficit, para frenar decretos, para dejar sin margen presupuestario a comunidades gobernadas por el propio PP. Nunca para gobernar. Un bloque capaz de derribar un Gobierno y que no lo derriba no es una alternativa en espera: es un veto sin proyecto, y sostenerlo tiene un coste que también se paga en las urnas.
Mientras tanto, los números van por libre. La economía española crece un 2,6%, muy por encima de la media europea; la afiliación está en máximos históricos y el paro baja del 10% por primera vez desde antes de la crisis financiera. En julio, además, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avaló la ley más contestada de la legislatura y desmontó el argumento que la oposición llevaba dos años sosteniendo. Nada de eso se ha traducido en votos. Esa desconexión —el mejor ciclo macroeconómico en dos décadas conviviendo con una legislatura sin cuentas— es el verdadero enigma del curso, y no se explica solo por los tribunales.
Un Gobierno que gobierna sin Presupuestos. Una amnistía que gana en Luxemburgo y se atasca en el Supremo. Un PP que gana todas las elecciones y no despega en ninguna. Una izquierda alternativa sin candidato. Por último, una fecha electoral que nadie controla, porque depende menos del Parlamento que de lo que dicte un tribunal en Madrid y de lo que se vote el 3 de noviembre en Estados Unidos. Esto es lo que está en juego entre septiembre y diciembre.




