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La isla que Trump quiere controlar: Groenlandia y el nuevo pulso por el Ártico

El deshielo, los minerales críticos y la rivalidad con Rusia y China explican la presión de Estados Unidos sobre la mayor isla del mundo

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Eduardo Bayón
ene 08, 2026
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Durante décadas, Groenlandia fue percibida como un territorio remoto, cubierto de hielo, con escasa población y relevancia limitada al ámbito científico. Hoy, sin embargo, esta isla de 2,16 millones de kilómetros cuadrados (la mayor del mundo) se ha convertido en uno de los espacios más codiciados del planeta. El motivo no es solo su tamaño, ni siquiera su ubicación, sino el cruce de tres dinámicas que definen nuestro tiempo: el deshielo climático, la competencia entre grandes potencias y la carrera por los recursos estratégicos.

En este contexto se inscribe la renovada presión de Estados Unidos sobre Groenlandia desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025. Las amenazas explícitas, las alusiones a una posible compra y la retórica de coerción no son excentricidades aisladas, sino la expresión más descarnada de un cambio de era: el Ártico ha dejado de ser periferia para convertirse en epicentro geopolítico.

Una geografía que condiciona el poder

Groenlandia se sitúa en un punto crítico entre América del Norte y Europa. Su posición le permite dominar el GIUK Gap (Groenlandia–Islandia–Reino Unido), un corredor marítimo esencial para el tránsito de submarinos rusos desde el Ártico hacia el Atlántico Norte. Este estrecho ha sido históricamente un chokepoint clave para la OTAN y vuelve a cobrar centralidad en un contexto de rearme y tensión estratégica.

A esta dimensión clásica se suma un factor nuevo: el deshielo acelerado del Ártico. El retroceso de la capa de hielo (que aún cubre entre el 75 y el 80% del territorio, con espesores de hasta tres kilómetros) está abriendo rutas marítimas antes impracticables. El llamado Paso del Noroeste permite reducir hasta en un 40% los trayectos entre Asia y Europa, alterando profundamente el comercio global y el equilibrio de poder marítimo.

Groenlandia es, además, una gigantesca reserva climática. Su hielo contiene alrededor del 7% del agua dulce del planeta. Si se derritiera por completo, el nivel del mar subiría unos siete metros, una cifra que convierte a la isla en un termómetro del cambio climático y en una amenaza sistémica para las zonas costeras del mundo.

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